La autobiografia de Francisco González Parga, Legionario de Cristo desde 1951 hasta 1971

Yo Acuso al Padre Maciel y a La Legión de Cristo” es la autobiografia de Francisco González Parga, quien fue miembro de la Legión de Cristo desde 1951 hasta 1971. Es un libro de bolsillo, publicado a través de CreateSpace, el 14 de febrero de 2011. Idioma: Español; ISBN-10: 1456411330. Disponible en Amazon.com.

Conocí al “Padre Parga” por primera vez cuando ingrese al noviciado de los Legionarios en Dublín, Irlanda en 1962. Él estuvo allí desde 1962 hasta 1966. Al igual que yo, pasó 20 años en la Legión. Fue ordenado sacerdote por el Papa Pablo VI en 1966. Para entonces, yo ya había sido asignado para ayudar en la fundación del Instituto Irlandés de la Ciudad de México. Mi autobiografía “Historia de un Legionario de Cristo Irlandés: de cómo encontró su corazón y casi perdió la razón” relata mis experiencia en la Legión con el P. Maciel – una experiencia muy diferente a la del señor González Parga, pero bastante similar en cuanto a los efectos secundarios causados por el enfoque peculiar que Maciel tenia de la vida consagrada.

Francisco y yo cruzamos caminos varias veces durante nuestra carrera en la congregación, aunque nunca llegué a conocerlo bien. Durante la mayor parte del tiempo en que pertenecíamos a la Legión, estábamos en diferentes continentes. Yo salí de la Legión en 1982. Si no recuerdo mal, el padre Parga fue descrito a menudo en algunos círculos Legionarios, siempre con un guiño de complicidad de parte de los que ofrecían la información, como una persona “diferente.” Eso significaba que el Padre. Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, lo consideraba “preocupante” y, quizás, un poco “inestable” desde el punto de vista de salud mental.

El breve libro – un total de 140 páginas incluyendo casi 20 páginas de apéndices – proporciona detalles que yo y, sin duda, muchos de mis compañeros, no conocíamos en aquel entonces. Es una historia potente que cuenta de la inocencia infantil traicionada por abuso sexual y emocional. Sobretodo, es una historia de supervivencia, de catarsis, de redención, de fe y felicidad redescubiertas a pesar de terribles obstáculos.

Con el fin de llegar a un público más amplio, en mi opinión este testimonio se beneficiaría de una mejor edición y presentación. Aunque el título (“Yo acuso Padre Maciel y los Legionarios de Cristo“) y el subtítulo (“Por sus innumerables engaños y abusos: sexuales, emocionales, religiosos, mentales y…”) son exactos y descriptivos del testimonio, no creo que hacen justicia al contenido. Porque, sorprendentemente, la narrativa es mucho más “positiva” que el título indica. El autor no se estanca en la amargura o el melodrama como almas menos nobles podrían haber hecho. Su perspectiva es la de un adulto maduro, contando una historia impactante que invita a sus lectores, incluidos los Legionarios, sus partidarios y la Iglesia en general, a aprender lecciones saludables.

Francisco finalmente se liberó de la relación disfuncional con la Legión y su fundador. Era todo menos una separación fácil. El autor describe con franqueza cómo su vida personal se deshilaba en sus batallas con el alcohol, las drogas y la prostitución. No se detiene en los detalles escabrosos. Gracias a Dios no busca los efectos del “shock.” Su narrativa sencilla, el reconocimiento de su debilidad personal, y la descripción de los efectos causados por los abusos que sufrió, es tanto más poderosa porque no se detiene en ellos.

El libro suministra poca información nueva sobre el Padre Maciel y el estilo de vida en la Legión en los años fundacionales, sin embargo su gran valor reside en el poder del testimonio sincero, y personal del autor.

De que sepa yo, sólo hay cuatro autobiografías escritas por ex- Legionarios de Cristo. Dos de ellos están escritos en español. El primero, publicado en 2003 se llama “El Legionario“, escrito por Alejandro Espinosa. En inglés, mi compatriota irlandés Paul Lennon fue el primero en documentar su historia en 2008 cuando escribió: “Our Father Maciel who Art in Bed.” Mi libro, ” Historia de un Legionario de Cristo Irlandés: de cómo encontró su corazón y casi perdió la razón ” (también disponible en inglés) fue publicado en 2010. Paul y yo cubrimos aproximadamente el mismo período de 1961 – 1982. Ni el ni yo éramos conscientes de los abusos sexuales del fundador antes de que abandonáramos la congregación. Alejandro Espinosa y Francisco González Parga conocían a Maciel en la década de los 1950. Junto con varios otros, ellos afirman haber sido abusados sexualmente por él. En un sentido amplio, las cuatro historias se complementan entre sí. Aunque escritas desde distintas perspectivas y con distintos “agendas”, el conjunto ofrece una mirada íntima de primera mano a los primeros años de la Legión de Cristo, cuando el P. Maciel ejercía una autoridad absoluta.

La historia de Francisco es muy convincente. Me jaló la atención desde las primeras páginas y me afectó en un nivel emocional profundo. Tal vez tuvo este efecto sobre mí, porque conocia la mayoría de los personajes mencionados en el libro. Me sorprende, una vez más, la forma en que el abuso tan terrible pasó desapercibido por la mayoría – pero no todos – de los compañeros de Francisco, y la medida en que Maciel fue capaz de engañar a tanta gente. Es difícil entender cómo algunos de los compañeros que sabían lo que estaba sucediendo han sido capaces de permanecer en silencio durante tantos años. En base a sus negaciones, muchos de nosotros caímos de lleno en las manipulaciones del fundador. Después de todo, ellos vivieron las mismas circunstancias descritas por Francisco…. y nos aseguraron que los chismes y denuncias no eran más que rumores difundidas por personas maliciosas

Francisco cayó bajo el hechizo de Maciel cuando era seminarista muy joven, a la edad de catorce años. Nos cuenta del abuso sexual, emocional y mental que sufrió. El autor comparte datos extremadamente personales de su vida como Legionario y de su vida después de abandonar la Congregación. Menciona a muchos Legionarios que yo conocía y respetaba, y su narrativa incluye lugares y fechas que me son familiares. Su historia me parece convincente y eminentemente verosímil. Al paso que cuenta su historia, pone el dedo en heridas que aún necesitan ser sanadas. Asimismo, ofrece una perspectiva certera sobre la personalidad disfuncional del fundador y de las graves deficiencias que legó a los Legionarios de Cristo.

El Sr. González Parga ahora tiene 70 años de edad. Esta casado con María Esther. Ahora, juntos, operan una pequeña empresa, aunque la mayor parte de su carrera post-legionario ha estado dedicada a la docencia a nivel universitario. Su historia y, sobretodo, la forma en que la cuenta, desmiente los rumores que circulaban durante parte de su carrera Legionaria. Después de leer su libro, siento que lo conozco mucho mejor. Me entristece darme cuenta de lo mucho que ya había sufrido cuando lo conocí en 1963. Me alegro de que, finalmente, en el atardecer de su vida, encontró la paz, una medida de la felicidad y, me parece, una fe profunda en Dios. A pesar de su terrible experiencia en manos de un sacerdote a quien entregó su confianza inocente, en última instancia, su libro es una historia de redención.

El padre Marcial Maciel, LC, nació el 10 de marzo de 1920, en Cotija de la Paz, Michoacán, México. El 1 de mayo de 2010, el Vaticano ordenó la revisión de los Legionarios de Cristo, una de las organizaciones más grandes e influyentes de la Iglesia Católica tras una investigación de décadas de abuso sexual por el fundador del grupo y los esfuerzos sistemáticos para cubrirlo. De acuerdo con la declaración el padre Marcial Maciel demostró “conducta muy grave e objetivamente inmoral “, dijo el Vaticano – incluyendo la paternidad al menos un hijo y abusar sexualmente de niños y seminaristas. El abuso se remonta a la década de 1950 y continuó en la década de 1990, año en que Maciel llevó una doble vida, protegido por el silencio y la obediencia de sus súbditos y su gran capacidad para marginar a sus acusadores. Falleció en los Estados Unidos el 30 de enero de 2008. Sus restos mortales descansan en su pueblo natal en Cotija, Michoacán.

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